Comentario Evangelio 05 de Marzo

CAMINANDO HACIA LA PASCUA

P. Hernán Vargas, Pasionista.

El miércoles pasado hemos iniciado nuestro itinerario hacia la luz pascual, hemos comenzado el camino de un nuevo éxodo hacia la Pascua a través del desierto cuaresmal (Prefacio de Cuaresma V). Para iniciar  este itinerario hacemos memoria de dos experiencias paradigmáticas de desierto: la del pueblo de Israel y la de Jesús de Nazaret. Este domingo meditamos el texto de Mt 4, 1-11. Ambos viven la experiencia del desierto y de las tentaciones.

En su largo recorrido de 40 años por el desierto, Israel sufre la tentación de la idolatría y de volver a un pasado de opresión, esclavitud y sufrimiento. Echan de menos las ollas de carnes y las cebollas de Egipto.

Pero Dios, en su misericordia, no abandona la obra de sus manos. En la travesía por el desierto, Dios acompaña y alimenta a su pueblo, que va en busca de libertad hacia la tierra que mana leche y miel, con tres medio: agua, maná y palabra.  Hoy la Iglesia, pueblo peregrino en camino hacia la Pascua, cuenta con tres alimentos para vencer las tentaciones y no desfallecer en el camino: el surtidor de agua, que es el Espíritu de Vida,  la Eucaristía, el pan de Vida multiplicado, partido, compartido y repartido, y el Evangelio de la Vida. Sabemos que la palabra del Señor es espíritu y vida.

Según el Evangelio de hoy, el tentador intenta seducir a Jesús de Nazaret para que a) use el poder en beneficio personal b) ponga a prueba el amor predilecto de su Padre y c) posea reinos para dominar. En tu meditación y reflexión personal y/o comunitaria, trata de ponerle nombre e identificar y actualizar estas tres tentaciones que fácilmente pueden asediarnos y seducirnos.

El Papa Francisco, en el documento Evangelii Gaudium, párrafos del 76 al 109, describe algunas tentaciones de los agentes pastorales. Hoy es un momento oportuno para leerlas, meditarlas y reaccionar.

Ante las propuestas del Tentador, Jesús encontró su respuesta y su apoyo en la Palabra de Dios: “Está escrito”. Y sagazmente el demonio también usará la palabra de Dios para justificar sus propuestas tentadoras.  Es la Palabra la que le da a Jesús fortaleza, sabiduría y luz para discernir y vencer las seducciones del Tentador. Apoyado en la Palabra y conducido por el Espíritu, Jesús mantiene su fidelidad filial al Padre.

Caminando por el desierto cuaresmal nos iremos preparando para llegar a la vigilia pascual con el corazón fortalecido y renovar lúcidamente las promesas bautismales. Sólo así podremos renunciar sinceramente a todas las posibles seducciones del Tentador que nos impiden ser mujeres nuevas y hombres nuevos, renacidos en el Bautismo, primera pascua de los creyentes y fuente de humanidad nueva.

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