Comentario Evangelio 10 de Septiembre

“Si te escucha, habrás ganado a tu hermano”

 Hermana Ana Teresa, sp.

Evangelio según San Mateo 18,15-20

Queridos hermanas/os nuevamente el señor permite que nos podamos comunicar para compartir la Buena Nueva.

Entre las manifestaciones del amor el evangelio de hoy acentúa la corrección fraterna. La corrección fraterna nace y es impulsada por el amor al otro, a mi prójimo, a mi hermana/o, porque si no hay amor no habrá misericordia. Si lo hiciéramos con el amor con que Dios nos ama a cada uno de nosotras/os cuanta paciencia tendríamos, más comprensión seriamos capaces de acompañarlos para salir de la situación. Siempre dando otra oportunidad dándole el tiempo de recapacitar, ayudándolo a ponerse de pie a una transformación con el deseo de estar abierto al cambio. Si amamos como Jesús tendremos la capacidad de acoger y perdonar, el amor nunca daña por el contrario, sana, porque el objetivo de corrección fraterna es su recuperación comunitaria, mediante la conversión. La raíz de tal corrección es el verdadero amor fraterno.

La corrección fraterna es un medio de conversión para mí y para el otro, es también recuperar la sanación comunitaria y la manifestación de la presencia de Dios en medio de nosotros, porque donde está el amor y la misericordia ahí está Dios.

Cada uno de nosotros no está llamado a constituirse en juez que condena porque si así actuamos perdemos al hermana/o para Dios y la comunidad.

Reflexionemos en la actitud del BUEN PASTOR con la oveja perdida, la recupero a base de preocupación, comprensión y cariño. La corrección fraterna es fácil y eficaz cuando existe un clima de amor y fraternidad, porque el hermana/os corregido debe sentirse amada/o personalmente.

Escuchemos lo que nos dice el papa Francisco: “Ve y corrígelo en privado”.

“La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad y atención respecto a quien ha cometido una falta, evitando que las palabras puedan herir y matar al hermanas/os, porque también las palabras matan… es ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho. Pero también de ayudarnos a nosotras/os a liberarnos de la ira o del resentimiento, que solo hacen daño.”

Al escuchar estas palabras me siento interpelada y pienso que importante es que en nuestras comunidades exista un clima de confianza, cálido, tolerante y comprensivo donde nos podamos escuchar y respetar, que haya una real preocupación por el otro, para construir la comunidad que Jesús sueña para nosotras/os.   Eso dependerá de cada una/o y podremos decir como San Pablo “A nadie le debo nada más que amor, porque el que ama tienen cumplida la ley entera”.

Hermanas/os  los invito a que juntos oremos: “Ayúdanos Señor a asumir con responsabilidad y amor la vida de nuestras/os  hermanas/os; a no ser indiferentes ni desentendernos de ellas/os,  usar la pedagogía del amor dialogante y misericordioso te lo pedimos a ti que eres todo amor, ternura y misericordia”. Amén.

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