Comentario Evangelio 11 de Marzo

El gran amor con que nos amó

Padre Hernán Vargas, cp.

Evangelio Según San Juan 3, 14-21

Vamos caminando hacia la Pascua. Y en el camino, hacemos memoria de las maravillas que Dios ha realizado con nosotros, que somos su pueblo.

Este domingo, la Palabra nos invita a tomar conciencia, una vez más, del gran amor con que Dios nos amó y nos hizo revivir en Cristo (2da. Lectura).

Esta expresión de amor y vida, Dios nos la ha manifestado en la entrega radical de su Hijo: “tanto amó Dios al mundo”, a la humanidad. Sólo el amor salva, sólo el amor redime, sólo el amor engendra vida.

Hoy estamos invitados a poner la mirada y el corazón en el Hijo del hombre que fue levantado en alto, es decir, que fue crucificado y resucitado.

¿Qué descubrimos y qué aprendemos al contemplar al Crucificado? San Pablo descubrió que el Crucificado es fuerza y sabiduría de Dios (domingo pasado). “Me amó se y se entregó por mí” Ga 2, 20. Hoy nosotros reconocemos que Jesús enfrenta y asume la cruz como consecuencia de su mensaje y de su misión. Sus dichos y sus hechos lo van llevando lentamente a este momento decisivo. Se solidarizó e identificó con los rostros sufrientes de la humanidad. Fue fiel al proyecto del Reino que vino a anunciar, fue consecuente y coherente con el Evangelio que proclamó desde Galilea hasta Jerusalén y que ratificó colgado del madero y levantado en lo alto de la cruz.

Quienes odiaron o se opusieron a la luz decidieron matarlo como un malhechor. Jesús opta decididamente por ir a Jerusalén y entregar la vida. A El nadie le quita la vida. La entregó libremente (Jn 10,18). La luz de su Resurrección puso de manifiesto que sus obras fueron hechas según el proyecto de Dios.

Vamos subiendo a Jerusalén. Sigamos caminando hacia la Pascua. Somos un pueblo que en la Pascua nació.  Si alguno de ustedes quiere ratificar su condición de discípulo-misionero de Jesús de Nazaret, Señor de la Vida y de la Historia, y miembro de su pueblo, que asuma la cruz, al estilo de Jesús, y que se ponga en camino. ¡Que el Señor, su Dios, lo acompañe y que suba! (1ra. Lectura)

 



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