Comentario Evangelio 17 de Junio

Hna. Sara Romero
Misioneras Redentorista.
Evangelio Según San Marcos 4,26-34

El evangelio de este domingo nos hace adentrarnos en la dinámica del Reino de Dios: que es semilla, que es misterio, que es fruto, que es pequeñez y grandeza, y por lo mismo, es contradicción.

En este tiempo que como iglesia y vida consagrada la realidad y los acontecimientos nos obligan e urgen, sin más, a volcarnos a la esencia del Reino de Dios, que tiene su raíz en lo invisible e insignificante, donde el poder, la soberbia y el orgullo no tienen lugar ni espacio, ya que vivir y actuar desde este frente siempre será contradecir la propuesta evangélica y a Jesucristo quien hace vida el Reino de Dios.

Somos invitados a una actitud de agradecimiento a Dios, que nos da la oportunidad de hacernos partícipes de un momento histórico de transformación profunda tanto, personal como institucional, caminar hacia la centralidad del evangelio y sencillez del reino. Despojados de todo poder, en actitud humilde, renunciando a los honores puramente humanos y muchas veces sintiéndonos invisibilizados.

Pero el crecimiento del Reino de Dios no se detiene por las debilidades, limites o pecados humanos, el Reino de Dios continua gestándose más allá de nuestra condición humana, el Reino de Dios sobrepasa lo humano, sí porque es de Dios y no únicamente de las personas, no podemos olvidar que su crecimiento no depende únicamente de los llamados a construirlo, hay un misterio oculto que no siempre nuestros ojos pueden develar.

Por más dura y profunda que sea la crisis que vivimos como iglesia, sería absurdo pensar y creer que el florecer del Reino de Dios está estancado o detenido, continua creciendo en el silencio y la oscuridad de la tierra, la semilla continua germinando a través de los y las hermanos, hermanas-semillas-pequeñas que día a día y de manera incansable anuncian este reino con sus propias vidas y acompañan a los que no cuentan, a los despojados, a los excluidos, que llenos de misericordia curan las heridas del que sufre, a los hermanos-hermanas-semillas-pequeñas
que aman, sirven, se entregan, empatizan y se comprometen radicalmente con la humanidad caída.

¿Logro visualizar en mi comunidad religiosa, en la comunidad parroquial, en la sociedad a estas hermanas, hermanos- semillas-pequeñas que hacen fecundo, visible y real el Reino de Dios hoy? ¿En la oscuridad de la crisis, donde hay signo de la semilla que crece?

El Reino de Dios sigue su curso en la historia, crece y florece en lo cotidiano, a pesar de los escándalos que no avergüenzan, de la crisis profunda que estamos experimentando. El Reino de Dios continua creciendo, no es posible detener su acción y presencia, el Reino es Cristo mismo.



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