Comentario Evangelio 18 de Junio

 

“EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRA ETERNAMENTE”

Evangelio según San Juan 6,51-58.

Herman@s nos volvemos a encontrar en la fiesta  del Cuerpo y la Sangre de Cristo para compartir y celebrar nuestra Fe. En este contexto, siento la necesidad de comenzar agradeciendo a Jesús  su inmenso amor por mí y por cada hermano y hermana de la humanidad,  pues al quedarse como alimento indispensable cada día, se hace parte nuestra entrando en comunión profunda de amor con cada un@ de nosotros, porque nos sabe débiles y necesitad@s de su alimento que nos fortifica, nos transforma, nos sana y santifica con su misma vida, con el pan de la esperanza y del amor.

Es sustento restaurador que entra en nuestra vida para hacernos uno con Él. Santa Teresa de Calcuta decía: “Jesús nos habla con ternura cuando se ofrece a los suyos en la Santa Comunión ¿Qué mas podría darme mi Jesús además que su cuerpo en alimento? Dios no podría hacer más ni mostrarme un amor más grande.”

La Eucaristía es uno de los Misterios más profundos de nuestra Fe: las apariencias, los sabores y los aromas son de pan y vino; sin embargo, tanto en una como en la otra especie, sólo encontramos la sustancia del  Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesús.

En la Eucaristía se queda  con nosotr@s para nutrirnos y no desfallecer  en el camino de cada día y tener la fuerza para enfrentar los desafíos que a diario se nos presentan. Como dice El Papa Francisco: “La Eucaristía no es un premio para los buenos, sino que es la fuerza para los débiles, para los pecadores….es el perdón, es el viático que nos ayuda a dar pasos, a caminar. “

La Vida Divina se nos trasmite en la pequeñez y sencillez de un pan; como dice la canción tan pequeño y tan humilde para entrar en mí…..milagro de amor tan infinito.  Jesús con la fuerza de su alimento eucarístico nos impulsa a vivir el desafío de humanizarnos y solidarizar para que a nadie le falte el alimento diario y lo necesario para vivir con dignidad, porque la Eucaristía nos  orienta a convertirnos a la dimensión  comunitaria, al amor fraterno, a la unidad, al gesto acogedor y comprensivo.

Jesús Eucaristía se nos ofrece cada día, abrámonos como un gran sagrario y dejemos que nos habite para convertir nuestra vida y nuestras comunidades en espacios sagrados.

Para llegar a Dios, no podemos prescindir de los herman@s y el sacramento del Cuerpo y de la Sangre que Jesús nos dejó como Memorial de su amor y de la unidad eclesial, es recordatorio permanente de ello. El Reino de Dios es el gran banquete del amor donde hay lugar para tod@s, donde podemos convivir como herman@s, donde nos cuidamos, nos respetamos y acogemos en nuestras diferencias. Espacio de compartir la vida y hacer realidad el sueño de Dios para cada un@ y para tod@s; aceptando  con confianza  el gesto providente de Dios que se hace pan partido, pan comido y vino que se comparte y alegra el corazón.

Pidamos a Jesús Sacramentado, un amor íntegro y una entrega total a Él. Llenémonos  de alegría, entusiasmo y esperanza al ser tan amad@s por un Dios que, ya en esta vida es nuestra “recompensa muy abundante”  (Gen 15,1)

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