Comentario Evangelio 22 de Octubre

Dar a Dios lo que es de Dios

Evangelio Según San Mateo 22, 15-21

“Jesús, eres veraz… Eres imparcial… No buscas el favor de nadie… Enseñas el camino de Dios con verdad…” ¡Qué hermosas alabanzas para Jesús, de parte de quienes lo quieren mal! ¡A qué maestro y educador no le gustaría recibir este reconocimiento, al celebrar su día!

El Fundador de mi familia religiosa nos decía: “para educar a los niños hay que amarlos; y amarlos a todos por igual”. No hay duda que uno de los rasgos que más apreciamos en quienes fueron nuestros profesores es su justicia en el trato, su imparcialidad; el no tener preferidos. Así como su veracidad: el saber reconocer los logros y no ocultar lo que aún está por lograr. Sin adulación en el reconocimiento; sin agresividad en la reprensión.

Y en Jesús parece que brillan estas cualidades, según manifiestan los que están buscando atraparle, sorprenderlo en una equivocación, para deshacerse de él. Probablemente las alabanzas buscan bajar la guardia de Jesús, para lograr lo que se proponen: ponerlo en aprietos. Con todo, nos dejan un retrato de Jesús, con el que podemos medirnos, dialogar, intimar.

“Entonces, Jesús, ¿es lícito pagar el impuesto al César, o no?” Israel está bajo la dominación del Imperio Romano. El emperador parece tener derecho a cobrar impuestos y tributos a las naciones que le están sometidas. El derecho de la fuerza. ¿Qué dices, Jesús? Tú has constatado, un poco antes, en el mismo Evangelio de Mateo, que “los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los dirigentes las oprimen” (Mt 20, 25). Y has agregado que no debe ser así en la comunidad de la Iglesia.

¿Eres colaboracionista de los romanos, Jesús, y apruebas que se pague el impuesto? ¿O estás con la resistencia al opresor, como los zelotes, y no hay que pagar el impuesto? ¿O eres “amarillo” y buscas quedar bien con todos? Jesús no se deja atrapar en este plano socio-político y económico en que lo quieren sorprender los enemigos. Su respuesta nos sitúa en otra dimensión, más profunda y fundamental.

Para responder, Jesús parte de lo concreto. Muéstrenme las monedas con que se paga el impuesto. Las monedas son las acuñadas por los dominadores; llevan la imagen del emperador y su nombre, tal vez la fecha. Entonces, dice Jesús, si llevan la imagen y el nombre del emperador, devuélvanselas a él.

Muchos han querido ver en la respuesta de Jesús la confirmación de sus preconceptos. “Al César lo que es del César; a Dios lo que es de Dios”. La economía, la política, todo lo que pertenece al reino de este mundo, tiene sus propias leyes. Aquí no entra Dios, ni los curas, ni sus opiniones. La Iglesia limítese a sus templos y a la sacristía.

Lejos de eso, Jesús nos recuerda que el César sólo puede pedirnos lo que está en el nivel de su función. El César no es Dios y nosotros no debemos deificar su poder, ni politizar la religión. Nosotros, hombres y mujeres, llevamos impresa en nuestro ser la imagen de Dios que nos creó. Sólo El es la referencia de nuestra vida. Sólo a El servimos con todo nuestro corazón, en medio del mundo, y a través de nuestros compromisos laborales, políticos, familiares. Y la referencia a Dios, que está inscrita, acuñada, en nuestra naturaleza personal, orienta e ilumina dichos compromisos.

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