Comentario Evangelio 26 de Febrero

Buscad el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura…

+Benito Rodríguez, OSB
Monje benedictino

Evangelio según San Mateo 6,24-34

¿Cuál es la justicia del Reino? Aunque esta se encuentra en los evangelios no siempre damos con ella, o no la interpretamos correctamente, porque se requiere para ello tener un corazón limpio. La conversión personal es necesaria para acceder a esa justicia, de lo contrario seremos tentados y confundidos, con las mismas palabras de los evangelios, y terminamos equivocando el camino.  En fin, con estos preliminares intentemos sondear un poco sobre esa justicia del Reino, tomando por guía los textos de este domingo.

¿Una madre podría olvidarse de sus criaturas, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Esta pregunta que encontramos en Isaías, varios siglos antes de Cristo, hoy vuelve a ser puesta sobre la mesa cuando, por ejemplo, se debate públicamente sobre el aborto. Es difícil siempre juzgar cuando una madre toma una decisión de esta naturaleza, movida seguramente por situaciones humanas extrema, pero igual no podemos dejar de hacernos la pregunta: ¿y qué sucede con el niño que sufre esa aniquilación? ¿quién se hace cargo de esa criatura?  Pues bien, Dios no se olvidará. La buena memoria de Dios es un pilar de la justicia del Reino, y no se trata de una memoria para acusar o condenar, sino, sobre todo, para salvar y rescatar del olvido de la muerte. Yo diría, en este sentido, que nuestra sociedad se aleja de la justicia del Reino cuando pierde la memoria, y entonces va perdiendo su identidad y sus valores. Y la pérdida de la memoria va asociada normalmente a un empobrecimiento del lenguaje: ¿no es este acaso un síntoma evidente en nuestra sociedad?

Siguiendo ahora con el salmo responsorial, podríamos afirmar que la justicia del Reino descansa en Dios, porque de él sólo proviene la salvación. Y aquí nos encontramos con algo original de la revelación del cristianismo: así como la verdad es la persona misma de Jesús, ¿no podemos decir otro tanto de la justicia del Reino? Por esto mismo, el esfuerzo del cristiano no se reduce sólo a practicar una justicia, sino a algo mucho más radical que es adherir a una persona que la encarna. A veces puede suceder que por eludir ese encuentro personal con Jesús nos erigimos en defensores de esa justicia que él enseña y encarna, pero sin comprometernos realmente con él. Y así surgen ciertas posturas extremas e ideológicas, que promueven el valor universal de una justicia pero que prescinde del bien de la persona singular y concreta. La justicia del Reino no puede ser menoscabada ni acrecentada por la sola fuerza o la inteligencia de los hombres, porque está a buen reguardo sobre la roca que es Cristo. …

La justicia del Reino, siguiendo ahora el texto de san Pablo, nos refiere al servicio y a la fidelidad. ¿Servidores de qué y de quiénes? ¿Fieles a qué? Yo no pienso que hoy falte realmente el deseo de servir y de comprometerse, porque especialmente en los jóvenes uno reconoce siempre una generosidad que se da casi naturalmente (siempre que no estén alienados en las redes sociales o en el solo pasarlo bien). Pero san Pablo pone siempre al centro la persona de Cristo. Servidores de Cristo en los hermanos, fieles administradores de esos misterios que Cristo confió a su Iglesia. Para el cristiano es liberador reconocer en Cristo su único juez, porque la justicia de Cristo, que es la del Reino, es distinta que la justicia humana. El juicio de Cristo nos salva del juicio de los hombres y del juicio de nuestra propia conciencia, que representa muchas veces para nosotros el tribunal con menos misericordia…

Cuando venga el Señor “él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón”. Y por esto mismo, para quien vive en la verdad, la justicia del Reino es fuente de paz y, en cierta forma, de descanso, porque es capaz de discernir lo auténtico de lo falso, lo importante de lo que es superfluo. Y así entonces para quien se encuentra con la justicia del Reino y la pone en práctica en su vida, se libera de esos síntomas que tanto estresan a nuestra sociedad de hoy:  el apuro y la ansiedad. En fin, la justicia del Reino nos dice “no te agobies por el mañana, a cada día le basta su propio afán…

 

 

 

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