Comentario Evangelio 8 de julio

Ser profetas en nuestra propia tierra… La Iglesia

Hna Verónica Santillán ecj
Esclavas del Sagrado Corazón

El evangelio nos presenta a Jesús en su tierra, con los suyos, pero también nos dice que no pudo hacer milagros, porque con solo la actitud de maravillarse de esas palabras no da lugar a la fe en El.

Jesús no está solo en su misión, está en compañía y ellos son testigos de las preguntas que se hace la multitud , que habiendo conocido su origen, sus raíces, sus vínculos familiares se escandalizan, podríamos preguntarnos porque le ocurre esto a la multitud?, tan difícil resulta creer en el talento del otro? En el don que el otro recibió? Tan difícil es reconocer la misión que Dios le confía a un hermano/a?  Y hoy, ¿no nos pasa lo mismo? Será tal vez que el descreimiento reinante nos va minando la confianza, impidiéndonos ver la riqueza de un hermano/a mas allá de las limitaciones propias del ser humano?

Entonces ¿será este un tiempo una oportunidad de reconstituir las confianza, de sanar heridas, desde la misericordia y el perdón, de poder ubicar al otro desde su dignidad de persona?

Y frente a  esta desconfianza que se ha generado en nuestra propia tierra, con los más nuestros, en nuestra familia la Iglesia en medio de la realidad que vivimos, no es algo similar a lo que le paso a Jesús, con los suyos?

El evangelio nos dice que Jesús se sabe profeta del Padre, se sabe su  portavoz no solo de la palabra sino por el testimonio que da de Él, tal vez este sea el camino en la imitación al maestro , recobrar nuestra misión profética la que hemos recibido en el bautismo y que por haber sido elegidos y transformados por el Señor  estamos invitados hoy a no ocultarla, a llenarla nuevamente de sentido , quizás desde una nueva mirada de profeta , la que este tiempo necesita, ser profeta no de calamidades, si no de esperanza , buscando ser protagonistas de esta nueva construcción de ser Iglesia sinodal donde todos tenemos algo que aportar , dejándonos ungir y guiar por el Espíritu Santo como nos decía el  Papa Francisco en su carta al pueblo de Dios que peregrina en Chile, desde los matices de nuestros propios carisma, en una actitud humilde de construir juntos “una Iglesia Profética y, por tanto, esperanzadora, reclama de todos una mística de ojos abiertos , cuestionadora y no adormecida”

  • Abierta a la escucha y al discernimiento
  • Ensanchando las miradas estrechas y haciendo soñar al que perdió la esperanza
  • Mirando la presente sin evasiones pero con valentía
  • Con pasión pero sin fanatismo.
  • Asumiendo el reto de mirar de frente, asumir y sufrir el conflicto y así poder resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo caminar.
  • Llagada pero capaz de comprender  y conmoverse por las llagas del mundo de hoy.

Estas palabras de Francisco pueden ser pistas que nos ayuden a vivir como consagrados nuestra profecía, porque al reconocerla, ella nos dará a cada uno de nosotros una fuerza de renovación, volviendo al primer llamado del bautismo y haciéndolo pleno en nuestro andar. Juntos, somos invitados a volver a ser profetas de esperanza en este tiempo y para este tiempo, descubriendo en cada uno cual es el mensaje que Dios pone en tu boca y en tu corazón hoy.

 



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