Papa Francisco reflexionó en torno a las Bienaventuranzas en Parque O’Higgins

Desde la madrugada la elipse del Parque O’Higgins se comenzó a repletar de fieles para la celebración, en la mañana de este martes 16 de enero, la Misa por la Paz y la Justicia, que es la primera que el Papa Francisco preside en nuestro país.

Fuente: CECh / Conferre

Más de  400 mil personas se congregaron en la elipse del Parque O’Higgins para vivir la primera celebración masiva de la visita del Papa Francisco en Chile. La Misa por la Paz y la Justicia se realizó en un clima de alegría y mucho respeto, recordando los hechos que en ese mismo lugar se produjeron 30 años atrás con la visita de San Juan Pablo II.  Por otra parte, la Vida Religiosa, tuvo un importante papel en el desarrollo de la celebración.

Proveniente del Palacio de La Moneda, donde recibió la bienvenida oficial de las autoridades nacionales, el Papa Francisco arribó al Parque en el tradicional papamóvil y recorrió los caminos que unían las distintas zonas que ocupaban los asistentes. De esta manera, culminó una alegre espera por su presencia, que se inició en las primeras horas de la madrugada, con la apertura de puertas del recinto. Durante la noche hubo actividades de animación con canciones, vídeos testimoniales, reflexiones y oración.

La celebración de la Santa Misa se realizó con la asistencia de 700 sacerdotes y 80 obispos venidos de diferentes arquidiócesis, diócesis y obras de Chile y Argentina. Los concelebrantes principales en esta ocasión, fueron el cardenal arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati y  Santiago Silva, Presidente de la Conferencia Episcopal.

Homilía del Papa Francisco

La celebración eucarística puso en manos del Señor la necesidad de un país cada vez más justo y con una paz social que garantice el desarrollo del país, respetando la dignidad de las personas. A partir de ello, el texto que inspiró la eucaristía, fue el evangelio de las Bienaventuranzas, a partir del cual el Pontífice subrayó  la primera actitud de Jesús: el ver, mirar el rostro de los suyos. “Esos rostros ponen en movimiento el amor visceral de Dios. No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús… Son los rostros, son personas; es la vida que clama a la vida que el Padre nos quiere transmitir”, sostuvo.

Junto con ello, añadió que las bienaventuranzas “no nacen de una actitud pasiva frente a la realidad, ni tampoco pueden nacer de un espectador que se vuelve un triste autor de estadísticas de lo que acontece. No nacen de los profetas de desventuras que se contentan con sembrar desilusión. Tampoco de espejismos que nos prometen la felicidad con un «clic», en un abrir y cerrar de ojos. Por el contrario, las bienaventuranzas nacen del corazón compasivo de Jesús que se encuentra con el corazón de hombres y mujeres que quieren y anhelan una vida bendecida; de hombres y mujeres que saben de sufrimiento; que conocen el desconcierto y el dolor que se genera cuando «se te mueve el piso» o «se inundan los sueños» y el trabajo de toda una vida se viene abajo; pero más saben de tesón y de lucha para salir adelante; más saben de reconstrucción y de volver a empezar”.

Y evocando los desastres naturales que han afectado a nuestro pueblo, expresó: “¡Cuánto conoce el corazón chileno de reconstrucciones y de volver a empezar; cuánto conocen ustedes de levantarse después de tantos derrumbes! ¡A ese corazón apela Jesús; para ese corazón son las bienaventuranzas!”

A lo anterior, el Pontífice añadió que las bienaventuranzas “no nacen de actitudes criticonas ni de la «palabrería barata» de aquellos que creen saberlo todo pero no se quieren comprometer con nada ni con nadie, y terminan así bloqueando toda posibilidad de generar procesos de transformación y reconstrucción en nuestras comunidades, en nuestras vidas. Las bienaventuranzas nacen del corazón misericordioso que no se cansa de esperar. Y experimenta que la esperanza «es el nuevo día, la extirpación de una inmovilidad, el sacudimiento de una postración negativa»”.

Extirpar la inmovilidad paralizante

Más adelante, el Papa explícito que Jesús, “al decirle bienaventurado al pobre, al que ha llorado, al afligido, al paciente, al que ha perdonado… viene a extirpar la inmovilidad paralizante del que cree que las cosas no pueden cambiar, del que ha dejado de creer en el poder transformador de Dios Padre y en sus hermanos, especialmente en sus hermanos más frágiles, en sus hermanos descartados”.
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“Jesús, al proclamar las bienaventuranzas viene a sacudir esa postración negativa llamada resignación que nos hace creer que se puede vivir mejor si nos escapamos de los problemas, si huimos de los demás; si nos escondemos o encerramos en nuestras comodidades, si nos adormecemos en un consumismo tranquilizante (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 2). Esa resignación que nos lleva a aislarnos de todos, a dividirnos, separarnos; a hacernos los ciegos frente a la vida y al sufrimiento de los otros”, señaló.

Agregó que las bienaventuranzas son “ese nuevo día para todos aquellos que siguen apostando al futuro, que siguen soñando, que siguen dejándose tocar e impulsar por el Espíritu de Dios”.

“Frente a la resignación que como un murmullo grosero socava nuestros lazos vitales y nos divide, Jesús nos dice: bienaventurados los que se comprometen por la reconciliación. Felices aquellos que son capaces de ensuciarse las manos y trabajar para que otros vivan en paz. Felices aquellos que se esfuerzan por no sembrar división. De esta manera, la bienaventuranza nos hace artífices de paz; nos invita a comprometernos para que el espíritu de la reconciliación gane espacio entre nosotros. ¿Quieres dicha? ¿Quieres felicidad? Felices los que trabajan para que otros puedan tener una vida dichosa. ¿Quieres paz?, trabaja por la paz”.

Luego el Papa evocó al cardenal Raúl Silva Henríquez, a quien calificó como “ese gran pastor que tuvo Santiago cuando en un Te Deum decía: «“Si quieres la paz, trabaja por la justicia” … Y si alguien nos pregunta: “¿qué es la justicia?” o si acaso consiste solamente en “no robar”, le diremos que existe otra justicia: la que exige que cada hombre sea tratado como hombre»”.

Francisco llamó a sembrar la paz a golpe de proximidad y de vecindad. “A golpe de salir de casa y mirar rostros, de ir al encuentro de aquel que lo está pasando mal, que no ha sido tratado como persona, como un digno hijo de esta tierra. Esta es la única manera que tenemos de tejer un futuro de paz, de volver a hilar una realidad que se puede deshilachar”. Citando a san Alberto Hurtado, recordó que «Está muy bien no hacer el mal, pero está muy mal no hacer el bien».

Participación Vida Religiosa

Una serie de signos caracterizaron la primera celebración de Francisco en Santiago. Entre ellos, destacaron la presencia de la diversidad cultural del país, a través de los pueblos originarios, representados por niños con  vestimentas típicas, además de hermanos inmigrantes, representados por una pareja de Haití.

La eucaristía también fue motos para que Papa Francisco coronase la imagen de la Virgen del Carmen como Reina y Madre de Chile.

Finalmente, la vida religiosa también ocupó un rol importante en la celebración, colaborando estrechamente en el ministerio de la comunión. Más de una decena de religiosas y religiosos se desplegaron en toda la explana del Parque O’Higgins para repartir el sagrado sacramento a los más de 400 mil fieles que se congregaron a orar.


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